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¡En esta esquina: el Año Nuevo!

… Y en esta otra: los Propósitos.

Se nos ha enseñado a aceptar esta pelea cada cambio de calendario, sin habernos enseñado cómo hacer una llave, dar un buen manotazo, ni volar de la tercera cuerda. Somos -El Cochino Amateur- contra -El Santo- en sus tiempos mozos, y obviamente nos van a “patear la lonchera”.

La batalla está perdida, y doce uvas en la garganta no harán la diferencia. Lo que sí se puede hacer es perder por Default, por lo que propongo una lista de simples consejos para conseguirlo:

1.- Avienta una moneda: Cada vez que tengas que tomar la decisión de continuar o no con tu propósito, echa un volado. Si el águila dice que no te comas esa última rebanada de pizza y dudas de su sinceridad, cómela, sabes que en verdad querías hacerlo.

2.- Procastinación: También llamado “ser un triunfador” por muchos estudiantes universitarios y de posgrado. Si bien el reporte o presentación no se escribirá a sí mismo, hacerlo con 30 días de anticipación no lo hará mejor, y sinceramente, nadie quiere a los -tetos-. Comienza uno o dos días antes (cual triunfador) ya que tengas todo lo necesario, y presume “¡y eso que no dormí ayer por terminarlo!”. Quedarás como un/a chingón/a.

3.- Duerme mucho: Si ni una vez en la vida has ido a un gimnasio, pagar la anualidad de éste no es otra cosa que un berrinche. Para evitar las críticas únicamente hay que dormir, así cambias el “me dio flojera” por “me quedé dormido/a”; de ser necesario, aboga narcolepsia.

4.- Busca alternativas realistas: Sinceridad ante todo, no es que realmente quieras abandonar tu status de “Salvador del mundo” ni dejar en negligencia a tus pokémon, es que ser un -gamer- es costoso. Tampoco es que quieras bajar de peso, es que quieres ser sensual para gustarle a EL/ELLA. No seas pretencioso y consigue juegos piratas o comienza a andar con alguien más fe@ que tú.

5.- Ríete de la vida: En su cara, y de ser posible utiliza apodos hirientes. El sarcasmo sutil y los albures son la mejor arma contra el tedio que envuelve a los hábitos. No puedes cambiar que tu patrón sea un desgraciado o la enferma fijación de tu vecino por cantar -La maldita primavera-, pero no desesperes; simplemente contéstale “tu mamá” en tu mente mientras ves cómo queda desconcertado cuando mantienes tu sonrisa, o escucha a El General a todo volumen un domingo a las 3 de la mañana. Si no resuelves las cosas, al menos tendrás una anécdota graciosa qué comentar con amigos y familiares.

Estamos a pocos días de comenzado el año, por lo que podemos estar seguros de que tenemos tiempo de arreglar las cosas y convertirnos de una vez por todas en la mala persona que siempre quisimos ser, o tomar la alternativa realista: siempre lo fuimos.

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Acerca de tortugueando

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