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El mexicano vs él mismo

Aun cuando el <<pelado>> mexicano sea completamente desgraciado, se consuela con gritar a todo el mundo que <<tiene muchos huevos>>. (Samuel Ramos, el perfil del hombre y la cultura en México) 

Pensar en cambio implica también lidiar con mentalidades estancadas. Nos la pasamos quejándonos de la mala educación, de los malos hábitos, de los malos entendidos, pero sobre todo (algo muy mexicano) nos quejamos sobremanera de los malos gobernantes sin entender también que no todo está en sus manos; quizá en estas hay menos medidas que las que tenemos nosotros, el pueblo. Pero no, siempre será más fácil echarle el paquete al gobierno, total, él es quien tiene la “obligación”.

 

‘‘Nuestra Imagen Actual’’

David Alfaro Siqueiros

Se habla de una utópica democracia y de un sistema funcional. Pedimos -no, no pedimos, exigimos (y nos sale re bien)- pero no hemos entendido que, para siquiera acercarnos a estas hay que comenzar por creerlas y deberás tener ganas; si queremos un cambio hay que hacerlo en nosotros primero. Si bien nos quejamos (que igual nos sale bien padre) de la inseguridad, de la corrupción y los sueldos desmedidos de quienes están al mando, también habría que quejarnos de nosotros mismos, quienes seguro hemos sido (al menos una vez en la vida) gandallas, mochos, nepotistas, hemos dado mordidas, hecho mal uso de nuestros conocimientos y nuestros trabajos.

Tres cosas para las que somos pero bien buenos:

1. Protestar. Que la marcha por esto y la marcha por lo otro… Como si la mentada manifestación cambiara las cosas en el alto mando, para lo único que sirve una marcha es para alterar el tránsito, no digo que sean malas, simplemente que, en nuestro país, no se encuentran mentalidades listas para que con este tipo de cosas se llegue a pensar más ampliamente; de nada sirve una extravagante y multitudinaria manifestación si uno no cree en la causa, si no se tiene un ideal.

 

Hay de causas a causas… que vergüenza -_-

“El mexicano considera que las ideas no tienen sentido y las llama despectivamente <<teorías>>; juzga inútil el conocimiento de los principios científicos. Parece estar muy seguro de su sentido práctico. Pero como hombre de acción es torpe, y al fin no da mucho crédito a la eficacia de los hechos. No tiene ninguna religión ni profesa ningún credo social o político. Es lo menos <<idealista>> posible. Niega todo sin razón ninguna, porque él es la negación personificada. (Samuel Ramos, en el libro antes mencionado)”.

2. Criticar. Que el copetón no sabe leer, que el pelón nos dejó más crimen… Seamos honestos, ¿cuántos de ustedes han leído un libro que no sea de superación personal o una revista de chismes? ¿Cuántos están abiertos a ideas nuevas y al estudio? ¿cuántos no hemos recurrido a actitudes violentas como solución? No se puede criticar lo que no conocemos: lo que no nos ha importado antes, lo que identificamos sólo por el título, lo que justificamos con actos primitivos y estúpidos.

 

3. Ignorar. Preferimos ver el nuevo chiste del videobloger que habla sandeces que nos identifican, a enterarnos de las causas sociales que no cuentan con apoyo, contribuyendo al menos, haciendo difusión y tratando de comprender que el problema nos afecta como sociedad; al final de cuentas solo decimos: “qué puede hacer uno, ese pedo es con el gobierno”.

 

Seguro muchos podemos nombrar al menos 3 de los blogueros de esta foto, pero pocos sabemos del problema en temacapulín con la presa el zapotillo y todo lo que estamos perdiendo, por poner un ejemplo.

Veámoslo de la siguiente manera: nuestro gobierno es como un reloj bien mono. Los políticos y representantes son las manecillas, las que se ven, pero el mecanismo interno somos nosotros, el pueblo; puede que las manecillas sean feas, no combinen con el fondo o se atoren, pero quienes tienen la responsabilidad para el buen funcionamiento de este son los engranes, los resortes, la gente en este caso,”ora” sí que ahí aplica algo parecido al dicho de <la educación comienza en casa>.

Todo esto es como decir que nuestro país (como su gente) merece un gobierno (como sus políticos) justo, ambicioso, noble, honesto; si lo tuviéramos, ¿creen que nuestro país se lo merecería?

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