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Penes feministas y vaginas machistas

Los hombres y las mujeres no son iguales ni mucho menos son unos mejores que las otras; no se diga más. Tenemos algunas similaridades y somos parte de la misma especie, sí, pero somos biológica y psicológicamente diferentes y eso es lo que hace interesante todo este asunto. Ésta ha sido, a mi parecer, una de las comparaciones más detestables y necias pues es como comparar a los Beatles con Pink Floyd; sabemos que algunos prefieren a Floyd, tantos a los Beatles, aquéllos les gustan ambos y otros detestan a ambos.

Antes de que ustedes, lectores, me empiecen a dar todo un sermón acerca de qué tan equivocado estoy en mi aseveración, me gustaría que primero estuvieran al corriente con algunos hechos sobre mi crianza: soy un hombre heterosexual criado por dos mujeres  —mi madre y mi hermana—,  y, gracias a ellas, he aprendido a atesorar y amar a las mujeres —aunque no es todo miel sobre hojuelas, de vez en cuando tiendo a hacer comentarios y tomar acciones machistas, lo cual es uno de las delicias de tener un pene y vivir en un patriarcado tan marcado como lo es la cultura mexicana—. Sin embargo, también llegué a idealizarlas al grado que pensaba que ningún daño podía provenir de tales criaturas divinas —no, no estoy bromeando—. También crecí pensando que todo hombre es egoísta, libidinoso e imbécil cuya única obsesión recae en ser un agente activo en cualquier manifestación de poder que exista y que, además, tiene una predisposición a la violencia y falta de consciencia en cuanto a preservación de las especies se refiere. Mis madres jamás prounciaron palabra alguna que atente contra la integridad de los hombres, al menos mientras estuve creciendo con ellas, así que estas ideas que tengo no son completamente influenciadas por ellas sino, más bien, son el producto de simples y obvias observaciones. Entonces, desde el principio, reconocía a las mujeres como  “el otro” y esperaba mucho de ellas —redención incluida—. Conforme pasó el tiempo, tuve muy buenas relaciones amistosas —incluso tengo más amigas que amigos—, teniendo así la oportunidad de compartir experiencias con el sexo femenino. Como solían hablar conmigo sin reservas, me di cuenta que disfrutan el sexo, los libros, las bebidas, los cigarrillos, las peliculas tanto como los hombres pero tenían menos oportunidades para expresar dichos gustos —aquí léase como patriarcado—, pero sus puntos de vista tendían a ser diferentes aunque la intensión permanecía igual que la de su contraparte masculina. Todo esto me dio un enfoque particular en cuanto a la tan explotada y poco entendida guerra de los sexos, es decir, pude ver las cosas desde la perspectiva femenina, aunque sea un pequeño vislumbre ya que no soy tan engreído como para decir que entiendo lo que es ser mujer.

Ahora, en un intento por ser contundente, imaginen el siguiente escenario: un grupo de cinco niñas y cinco niños. Todos ellos amigos, visualmente agradables, socioeconómicamente estables, van a la misma escuela, reciben la misma excelente educación, sus familias distan de ser disfuncionales, no tienen perfiles psicológicos anormales, se ejercitan física y mentalmente y tienen un deseo vehemente por aprender todo lo que sea posible, en resumen, son un conjunto utópico y uniforme de virtud y bondad. Entonces llega la pubertad, las hormonas hacen de las suyas, y siendo tan cerebrales e independientes, un día se preguntan una pregunta común e irritable: ¿qué es el amor? Estoy seguro que al menos obtendrás dos respuestas diferentes en cada grupo —mujeres y hombres—. Es verdad, las respuestas podrían convergir en algunos puntos, pero, sin duda, que el acercamiento o forma de expresión expresado por el grupo de mujeres será discernible en relación al de los hombres e, insisto, DIFERENTE. Pienso que estos es más que obvio e incuestionable pues bien sabemos que tanto los hombres como las mujeres perciben al mundo de una manera diferente.  Aquí es donde quiero que ustedes intenten refutar mis afirmaciones: si dos hombres son criados de manera identica muy probable es que piensen lo mismo, sin embargo, si una mujer y un hombre comparten formación y experiencias, llegarán a una conclusión similar pero, insisto, algunos puntos convergirán pero no será una conclusión idéntica.

Podría agregar algunos factores que no fueron incluidos en el ejercicio como la experiencia individual —nuestras experiencias forman nuesta visión del mundo—, el feminismo, la cultura machista —uy, habrá que hacer un artículo sobre el patriarcado, hoy fue mi palabra favorita— e incluso etnicidad, pero terminaríamos con un análisis muy tedioso aunque de paso sea dicho me daría un gusto tremendo desmitificar a Freud y los intentos patéticos de su reprimida hija por controlar el comportamiento humano —¡vean qué buen trabajo hizo con Marylin Monroe! Bonito cadaver ella—. El punto aquí esta que a quien sea que se le haya ocurrido el dicho “los hombres y las mujeres son iguales” no estaba prestando mucha atención a sus palabras. Primero que nada, si las mujeres quieren ser iguales a los hombres creo que se van a estrellar contra una durísima pared. ¿Quieren ser opresoras, impertinentes y chauvinistas? —ya escucho a los hombres quejándose de tales calificativos pero la realidad es esta: si tienes un pene lo más seguro es que te queden como saco a la medida—.  Además, ¿por qué la necesidad de ser iguales? No necesitamos igualdad sino equidad. Necesitamos que las mujeres sean el contrapeso en la balanza. Si las mujeres quieren reconocimiento y justa integración, es decir, “ser uno con el otro”—temas que también forman parte de las luchas étnicas— entonces me parece una causa noble y válida y tienen mi apoyo incondicional en la lucha contra la opresión, pero, querer ser IGUALES al otro, me parece que no es el propósito y, francamente, no estoy interesado en vivir en un mundo así.

Como nota final, recuerden que no todo es culpa de los hombres, en serio, piénsenlo, si las mujeres dominaran el mundo a partir de mañana y no se deshicieran de la mentalidad patriarcal en el proceso, la humanidad seguiría en este espiral hacia la destrucción pero el elogio y el funeral serían un poco más coloridos. El poder sin conocimiento corrompe tanto al hombre como a la mujer y si equidad es lo que buscamos al menos aprendamos a reconocer nuestro rol y culpa en todo este desastre.

Esto me recuerda que el estúpido intento de los gobiernos por producir una sociedad homogénea es sólo otra manera de querer de controlar a la gente. Un lugar donde nadie cuestiona o no discute porque todos está de acuerdo, porque ven las mismas películas, escuchan la misma música y van a los mismos lugares está estancada y encaminada hacia la extinción. La diversidad siempre será mi inspiración predilecta.

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2 comentarios el “Penes feministas y vaginas machistas

  1. Muy interesante punto: hay que diferenciar claramente la diferencia entre igualdad y equidad. Si todos fuésemos iguales no sólo viviríamos en un mundo controlable, predecible y opresivo (aunque el el último punto vamos muy adelantados), sino que también sería uno INMINENTEMENTE aburrido.
    Por otro lado, creo que el ejemplo de los 10 niños (uso el categórico usual, no por preferencia de género, aclaro) más que ser criticable se explica a sí mismo en tanto que los 10 han sido educados para pensar diferente, en concordancia con su género.

  2. Desde el título de la entrada, mi atención quedó cautiva.

    Ríos de tinta y millones de bytes corren en el mundo sobre los temas “de género”, mentes brillantes han discutido al respecto, pretender conclusiones es una perspectiva soberbia que no pretendo adoptar.

    Sin embargo, me parece arriesgado señalar “diferencias” entre hombres y mujeres cuando su definición más exacta es aquella por exclusión (si no eres hombre, eres mujer y viceversa), intuimos e interpretamos como ciertas dichas diferencias sin revisar siquiera la naturaleza de los conceptos, además de sus interpretaciones en tiempo y espacio, no implica lo mismo ser “hombre” o “mujer” en estos tiempos, que hace veinte años; en África Subsahariana que en Ecatepec de Morelos.

    Cabe preguntarse ¿aquellos niños y niñas criados en condiciones iguales, de verdad tienen puntos de vista diferentes entre sí?. ¿O es la forma de educarlos en la fórmula pene=hombre y vagina (vulva)=mujer lo que les da roles y perspectivas diferenciadas? ¿más allá de los sexos-géneros lo que nos indigna es la forma en la que se le ha agregado el contenido sexual a las relaciones de poder?

    Respaldo y aplaudo el punto del autor en que una sociedad equitativa debe ser la aspiración de la organización social respetuosa de la diversidad, pero ¿podremos serlo?

    Gracias por el espacio.

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