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La maldición de Cerbero

Nota: En esta ocasión, su siempre tortugueante amigo ha decidido cambiar la modalidad del texto; por lo que en vez de esa suerte de ensayo chafa que suele hacer, ahora le presentará un pequeño cuento. ¿Como por qué? Nomás porque se le antojó. Disfrute.

*Se agradece especialmente a Manu Aviña por la idea original.
**Cualquier similitud con el actual régimen político es mera coincidencia.

La maldición de Cerberos

-Como que quiere llover…- dijo Neto sin muchos ánimos.
-Ajam… – contestó Queta, como quien no quiere la cosa.
El humo de los cigarrillos que fumaban se eleva y difumina en lo alto. La pareja, completamente entregada a sus lecturas casi ignora los deliciosos acordes de Back of a Truck que suenan desde las bocinas sobre la mesa, tras el sillón en el que ambos pasan su poco tiempo disponible en el pequeño departamento.

-¿Este fin de semana trabajas dobles turnos otra vez, verdad?
-Ya te la sabes, mi amor… – contesta ella, mientras se acomoda las gafas sobre la nariz.
<<Chinga… otra vez no toca…>>
-¿Sabes? He estado pensando… casi nunca estamos en la casa y ya van dos veces que se meten al  edificio este año… ¿y si nos compramos un perro? O no sé, algo que haga ruido pa’ que no se meta alguien…
-Pues igual… – responde enojada, por haber perdido de vista el párrafo que leía, mientras recuerda los destrozos ocasionados por su anterior mascota.

Días después, al abrir la puerta, entra el susodicho: un rottweiler enano, viejo y cabizbajo. En comparación al perro, los muebles parecen todos bastante grandes, y tras una rápida olfateada al piso y la alfombra éste se postra, irreductible, en la silla a la cabecera de la sala.
-En serio, Neto, ¿qué pinche necesidad de conseguir otro animal igual? ¿No te acuerdas del desmadre que nos dejaba siempre el “Quesos”?
-Ya, ya- responde condescendiente. -El “Quesos” era otra onda. Aparte ve cómo está este, todo tranquilito…
-Tiene cara de menso…
-¡Sí, pues! Pero lo queremos para que nos cuide el depa, no para que haga gracias, ¿verdad?

Tentando sus bolsillos a modo de búsqueda,  las llaves de la puerta tintinean en el morral de Queta. En una fracción de segundo, el recién bautizado Cerbero ladra como desquiciado mientras golpea la puerta desde el interior del departamento. <<Al menos le queda el nombrecito, al guardián>> se lamenta Queta para sus adentros.
Al abrir la puerta, un hedor nauseabundo llega de las penumbras de la sala. Dando manotazos a la pared, Queta encuentra y activa el switch de la luz, sólo para descubrir la fuente del asqueroso olor: una montaña de palomas muertas junto a la mesa. Cerbero juega con una entre sus patas delanteras, mirando a la rubia Queta, con una mueca que asimilaba perfectamente una sonrisa. orgullozo por su obra.

-A ver, cálmate, mi amor. ¿Cómo que otra vez?- pregunta Neto, genuinamente asombrado, por el celular.
-¡Te estoy diciendo que me mordió! ¡El méndigo me volvió a dejar afuera del depa! – se escuchan los gritos histéricos de Queta por el auricular – ¡Aparte, estoy segura de que cuando se quede dormido y por fin pueda entrar, el desgraciado ha de tener sus PINCHES palomas muertas escondidas otra vez!
-Bueno, amor, tranquila… al menos ya no las anda presumiendo, el baboso…

Neto camina lentamente, triste, hacia la mesa de Robles. La nueva taza de café que le espera frente a su amigo hace poco para animarlo, pues no sabe cómo la va a pagar. Se deja caer sobre la silla y suspira largamente mientras recuesta su cabeza en el respaldo.
-Ya wey, cálmate. Vamos viendo cómo le hacemos, ¿ok?
-No chingues, carnal, ¿cómo me voy a calmar? Ya van para seis días que no podemos entrar a la casa porque el pinche perro no nos deja, ¡se pone bien bravo!
-Ya sé, wey, ya me habías dicho que…
-Está como loco- replica Neto, interrumpiéndolo-. Nos fregó toda la ropa, y estar viviendo con la mamá de Queta está del nabo…
-¿Y nadie en la chamba te ha dicho nada? – pregunta Robles, mientras apaga su cigarro en el cenicero, como si jugara con las brazas encendidas.
-… Me acaban de correr- dice Neto en voz casi inaudible-. Dijeron que ya estaban hartos de que llegara todo cansado y con la misma ropa siempre. No puedo creer que el pinche perro me costara el trabajo…
-¿Y por qué no lo sacan, de plano?- interroga Robles- Digo, a fin de cuentas es nomás un animal.
-Ya sé, ya sé… pero me da como cosa… a final de cuentas yo quería al perro ahí, yo lo escogí… ¡Ni modo de echarlo así nomás a la calle!
-¿Por qué no? Es UN perro, si nos organizamos entre varios, fácil lo sacamos, inclusive sin tener que lastimarlo.
-¿Te digo la neta? Porque le tengo miedo- responde Neto, claramente perturbado-.  Aparte, no sabría qué hacer sin perro guardián en el depa…
-Chale, wey. Te lo digo porque te quiero: ya no sé quién es más tarado, el perro que se la pasa haciendo sus desmadres, o tú que te dejas.

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